Villanúa, Isín y Panticosa desde la mirada fragolina

Tal y como sucediera con el viaje a PortAventura, esta nueva excursión por el Alto Gallego y el Valle de Tena organizada por María Pilar fue todo un éxito. Una serie de actividades y planes organizados al detalle hicieron que los fragolinos disfrutaran de dos días de descubrimientos, naturaleza, nieve y muchas risas en común.

Todo comenzó el domingo 4 de marzo a las 08:00 en el Actur, desde donde nos recogía el autobús, aunque un poco más tarde de la hora acordada ya que en el último momento fue necesario hacer un cambio de chófer. Fuimos cargando el autobús de Hife y sobre las 08:30 ¡salíamos rumbo a la aventura!

A media mañana llegamos a Villanúa, donde pudimos tomar un café acompañado por las tortas y dulces del lugar antes de encaminarnos hacia la oficina de turismo para dar comienzo a la visita a la Cueva de las Güixas, también llamada “cueva de las brujas”.

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Los fragolinos fuimos adentrándonos en las cavidades de una cueva llena de curiosidades por ser el lugar de encuentro de las brujas de la zona, que se reunían bajo la piedra para compartir sus conocimientos. Pero también descubrimos singularidades geológicas como las estalactitas, cuyo crecimiento es tan lento que un solo centímetro de su formación cuesta en torno a un siglo. Y, por otro lado, esta cueva de Villanúa es el hogar de una comunidad de 500 murciélagos muy protegidos y vigilados por su particularidad. Algunos de los momentos vividos en la cueva están captados en el siguiente vídeo:

Impresionados por la historia y existencia de esta cueva, volvimos al autobús para encaminarnos a nuestro lugar de alojamiento: Isín. Y lo que allí descubrimos fue un centro vacacional formado por apartamentos, bar con restaurante, piscina, pistas deportivas, caballos… Isín es un pueblo que quedó abandonado en 1966, pero que en 1998 comenzó a ser restaurado en una iniciativa de la Fundación Benito Ardid y no pudo dejar el pueblo más impresionante y acogedor, respetando la estética del propio pueblo y del Alto Gallego en general. Y lo mejor del lugar es que está enfocado al turismo rural adaptado, con lo cual todos podemos disfrutar del resultado.

Después de localizar nuestros apartamentos y dejar el equipaje (que aunque pudiera parecer poca cosa para dos días incluía tanto ropa para la nieve, como bañador para el balneario), acudimos al comedor. De primero, lentejas, y de segundo, pollo con patatas. Todo muy rico, pero sabía mejor todavía porque las mujeres fuimos servidas por los hombres.

Tras tomar el café, descansar un poco o jugar a las cartas, un grupo de intrépidos fragolinos nos fuimos a hacer senderismo en la zona de Biescas, para después visitar la encantadora localidad.

De vuelta a Isín cenamos una rica crema de calabaza y lomo con ensalada, pero lo mejor estaba por llegar. ¿Qué es lo que no puede faltar en ningún acontecimiento fragolino? ¡El bingo! Jugamos un cartón tras otro en el bar de Isín y algunos se fueron un poco más contentos a dormir…

A la mañana siguiente, ¡sorpresa! Estaba nevando. Durante el desayuno hablamos mucho de lo que íbamos o no íbamos a poder hacer en esa jornada del lunes a causa de la climatología, pero cuando por fin nos decidimos a coger el autobús para encaminarnos a Panticosa… el autobús tenía una rueda pinchada. Un equipo de expertos ingenieros estudiaron el problema junto al chófer, que llamó al servicio técnico, y el disgnóstico fue favorable para continuar el camino.

 

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Unos cuantos “ays” después por las curvas de la carretera de Panticosa, llegamos al balneario y comenzó nuestra actividad de esquí de fondo, ¡divertidísima! Durante un par de horas disfrutamos de los esquís y de la nieve, algunos también de las bajadas y las caídas que en ocasiones les acompañaban… Pero las risas fueron las protagonistas todo el rato. Bueno, realmente todo el viaje.

Con todo el cansancio que esquiar nos dejó en el cuerpo, los fragolinos disfrutamos de duna estupenda comida de buffet libre en el hotel del Balneario de Panticosa y después, mientras unos descansamos, otros pudimos salir a descubrir un poco el entorno. Así llegó nuestro turno de disfrutar del balneario, de sus aguas termales y todo el maravilloso spa que se encuentra en las montañas de Panticosa.

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Una hora y media después de auténtica relajación en el baneario, salimos como nuevos y emprendimos el viaje en autobús de vuelta a Zaragoza tras dos días de verdadero descanso, diversión y buen ambiente fragolino. Y todo gracias a la detallada y perfecta organización de María Pilar, a la que desde aquí queremos agradecer y valorar todo su trabajo porque ella fue la responsable de que el viaje fragolino a la nieve fuese ¡PERFECTO! Hasta el siguiente…

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